La degradación en las zonas costeras se ha acelerado en los
últimos siglos a la vez que
han aumentado los vertidos industriales y la escorrentía procedente de explotaciones
agrarias y ciudades costeras.
Muchos contaminantes, como herbicidas, plaguicidas o fertilizantes químicos, se
acumulan en las profundidades del océano, donde son ingeridos por pequeños
organismos marinos, que luego son parte de nuestra alimentación.
Los fertilizantes ricos en nitrógeno que utilizan los productores agrícolas
acaban en las corrientes, ríos y aguas subterráneas locales. Esto puede
provocar un crecimiento masivo de algas que consumen el oxígeno del agua,
generando zonas en las que no puede haber vida marina.
Los científicos ya han descubierto 400 zonas muertas con estas
características por todo el planeta.

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